jueves, octubre 12, 2006

Dolor de corbata

Pues así sigo, volviéndome a poner y amordazarme la corbata al cuello, el mas chirriante invento desde que se puso de moda el trabajo -supongo que para complementarse en su labor de acomplejar a la gente con algo de sentío común- para tratar sin aparente energía y ningún entusiasmo voluntario para desarrollar eso mismo, laborar, y conseguir lidiar de alguna manera la mala leche que me surge cuando el despertador me precipita de un sueño apacible (pero nunca lúcido, fíjese usted) a la desencantada realité y sin el snooze (¡presente!) activado porque resulta demasiado tentador para mi natural modorra.

Y tras vaporosa ducha levanta sopores, que realiza a medias su función, desayuno frugal consistente en ponerse los zapatos y salir pitando para no dejar escapar el autobús, que lleva a su vez al metro, para no perder el codiciado asiento-sitio en el artefacto-transporta-madrugadores a base de empellones o bien conformarse con ir de pie, agarrado a lo primero que pille (con perdón) y así, resignado, comenzar la feliz jornada. ¿Le suena de algo? Aquí nos juntamos todos, sin distinción de raza, corbatas o trajes, y sí algunas de ellas también se uniforman, pero con su gracia femenina y no clonada.

Da lo mismo donde vayamos o nuestros intereses, compartiendo el mismo traqueteo, los que se dirigen al trabajo, a estudiar o a ir a ver las palomas al parque de la Fuente del Berro, o lo peor de todo esto, madrugar para ir a la siempre temible entrevista de trabajo casposo, y nunca, nunca falta en el vagón la siempre previsible jovencita-modelna-maletín-en-mano, orgullosa ella (y sí, querida brocco, también coincide curiosamente con una rubiales), para tras las puertas encerrarnos todos juntitos bien apretaditos. Será que nos encanta todo éste jodido jaleo vespertino.

Para aislarme de ésta existencial-demencial situación madri-leña, me refugio en los emepetreses por vía intro-auditiva. Me duele muy mucho, a pesar de que Eels retumba en ese momento entre mis hemisferios, pensar que todos viven el mismo sucedáneo de vida, y yo formo parte de dicho lío, como el tambien uniformado de rayas y perenne corbata a juego que se me planta delante con su Qué destilando chorradas, o a leer su best-seller forradito de blanco-virgen. Es entonces cuando medito que ésta situación laboral-matutina tiene que durar poco, o es ella la que acaba conmigo todavía pareciendo sensible y doloridamente joven.

Tras conseguir llegar a mi parada de metro y conseguir desenredarme de la madeja de pies y manos y correr escaleras pá-rriba para no perder el autobús de la empresa y evitar el moderno caos de Plaza de Castilla, tropiezo con los que recogen el periódico, saltando y agarrando al menor descuido la prensa gratuita de anónimas manos y consiguiendo bloquear por momentos la única salida potable de la estación. ¡Para qué querrán algunos recolectar tantos periódicos gratuitos!. En fin, misión cumplida. Les dejo, tengo media hora de siestecita (¡presente de nuevo!) por delante, ahora nos falta con soñar felices que nos topemos con un monumental atasco, o perdernos por las obras gallardonas de la ciudá de marras y con un poco de suerte, llegar tarde al curro. Ya les contaré. Hmmm!

martes, octubre 03, 2006

La caja de pandora

-¿Te vienes a ver la peli de Pabst a la Filmo?- me comenta Sergi por teléfono. Respuesta en nanosegundos: -¿Y quien coño es Pabst?- respondo resignado.
-Joder, el que rodó la versión de "
Don Quijote" en los años veinte...hoy programan "El Tesoro", su primera película...-.


Aquí sorpresa, o mejor dicho, puro entusiamo. Tras aclararme las legañas y toser con desatada fuerza (la amoxicilina me persigue, ay), todo se iluminó, sino total, al menos parcialmente por la irritación de garganta.
Se plantó en mis canosas neuronas una indescriptible imagen sublime, en blanco y negro, una imagen que años de cierta desidia cinematográfica (¡maldito curro, todo ése tiempo perdido!) me había invadido.

Ésta dulce y seductora perfección femenina tiene por nombre Louise Brooks, uno de mis iconos del cine mudo -con permiso de Clara Bow o la siempre adolescente Mary Pickford, entre otras- y forma parte de la perdición de mi perdida adolescencia.

La actriz no aparece en ésta película, "El Tesoro", pero sí lo hace en otros films de su director, Georg Wilhelm Pabst. Y con él nace el mito...El primer contacto con ésta morena hechizante, fue a través del cómic "Valentina" de Guido Crepax, personaje basado en su imagen y donde fragmentos de los episodios devoraba por entregas en aquellos "tebeos" para adultos de los años 80. Todavía guardo algunos ejemplares de "Tótem" y "El Víbora" rescatados de ésos tiempos pasados...

Descubrirla en el cine no fue muy posterior: inquietantes imágenes sesgadas de ella, grabadas en un cerebelo en desarrollo, algún recuerdo fugaz de ella en la primitiva TV, hicieron que me rindiera a su misterioso encanto. Visualizar la mayor parte de sus actuaciones en el cine, ha sido algo más inmediato, más adulto, y en consecuencia toma una nueva y viva presencia.

El contraste de su idealizada belleza no ha sucumbido a través del tiempo, sino que ha mejorado en esencia. Uno de los filmes donde descubrir su belleza magnética, es en "La caja de Pandora" donde protagoniza a Lulú, su personaje fetiche, provisto de una pura y visceral connotación sexual, película donde actuó con Pabst encargado de la dirección.Y por supuesto "Diario de una perdida" y muchas otras actuaciones en diversos filmes que malvadamente dejo que vayan descubriendo ustedes mismos.


Todos éstos films, rodados por el cineasta de origen checo, destilan el más inquietante y puro expresionismo alemán, todo ello aderezado con la fria y exquisita belleza de ésta diosa. Y es que, a partir de entonces sufriría una enfermiza fijación con todas las chicas que me cruzaba y lucían, coquetamente, ése particular corte de pelo que exhibe Louise. Y sí, todavía me sigue pasando...